C863.08/P925 2021
Pedro Botero Zambrano (Pedrito Botero) ha sido siempre un símbolo de la inclemencia del azar y el sufrimiento inesperado, y su imagen está asociada a esa pequeña casa de muñecas donde observamos a sus padres aullando de dolor mientras él monta su caballo de juguete, indiferente al tiempo y a los presagios de este mundo, en el cuadro que Fernando Botero pintó en su memoria. Esa fue la primera obra que Botero donó al Museo de Antioquia y la primera de muchas obras que ha hecho al país y sus habitantes. Su más reciente prueba de generosidad es la donación que ha hecho posible este Premio.
Hoy, gracias a los ganadores de este concurso, se puede enriquecer la memoria de Pedrito con nuevas figuras e imágenes que hacen más dulce su recuerdo. Podremos imaginar, por ejemplo, a Pedrito como compañero de aula de Manuel y Julia en Embrujo, ese magnífico cuento de Jaime Cortés que nos habla de los síntomas mágicos del primer amor y la confusión a la que este nos arroja, que obtuvo el merecidísimo tercer lugar de este premio. O bien podemos suponer que Pedrito acompaña como ángel de la guarda a la familia del narrador de Hemos llegado a Berlín, el cuento de Fanuel Hanán Díaz que nos muestra a través de la mirada de un niño el dolor, el desamparo y las durezas que deben enfrentar innumerables familias venezonalas que cruzan la frontera huyendo del hambre y la muerte. O que tal vez Pedrito será un invitado más en la fiesta que organiza Emilia a la espera de su padre en Invitados al té, el lindísimo cuento de Elizabeth Molina, ganador de esta primera edición del premio gracias a la maestría con la que está escrito, a ese limbo fantástico a medio camino entre el mundo infantil y el mundo adulto que logra evocar, y a su ambigüedad central, esa ambigüedad que para el maestro Borges era el corazón de toda verdadera literatura.

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