El misterio de Candleia /Arciniegas, Gabriela

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Un día Gabriela, ya grande, se acordó del cuento, lo sacó de aquel diminuto San Alejo mental donde todos los cuentos duermen y esperan -¡y el cuento también había crecido! Las aventuras eran más grandes, más difícil para el principito, tan incomprendido y regañado en su casa, dar prueba de su propia valía ante los demás y, sobre todo, ante sí mismo. 
-No lo va a lograr- pensó Gabriela, angustiada, tomándolo como un desafío personal. 
Los demás personajes, que tenían sus propias ideas sobre cómo se solucionan problemas de esta índole, se abalanzaron sobre la historia como si no conocieran los buenos modales. ¡Era lo que faltaba! ¡Descarados!
-Bueno, ahí verán cómo se las arreglan. Yo les advertí que eso era para más líos. 
Y así nació, creció y echó a correr EL MISTERIO DE CANDLEIA.

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