C868/D671h
La columna de Oscar [el autor] deja en el lector la misma sensación que él en persona le causa al interlocutor. Es transparente y por eso mismo tiene proyección autobiográfica. Sin-querer-queriendo, songo-sorongo, en serio y en broma, va diciendo verdades que de otro modo sería difícil o incómodo lanzar a los cuatro vientos. Mejor dicho, no caerían tan bien como cuando Oscar las dice, sin dureza pero con claridad, sin rodeos pero con amortiguador, sin evasivas pero con metáforas muy bien ajustadas. Eso sí, con la contundencia de verdad incontrastable que entrañan las jugadas ajedrecísticas certeras.
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