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Este libro no pretende describir el estado actual de los hospitales psiquiátricos franceses en su generalidad, sino únicamente un cuartel de seguridad en el que encierran alienados peligrosos. Ciertamente, después de los esfuerzos de Chiarini en Italia (1788), de Pinel en Francia (1792), de William Take en Inglaterra (1792), de Rush en Pensilvania (1783), la suerte de los enfermos mentales ha mejorado de manera considerable. Sin embargo, a través de las investigaciones hechas por la Organización Mundial de la Salud, parece que, en la mayoría de los países, aun entre los más civilizados, los esfuerzos innovadores de los psiquiatras han sido contrarrestados sin cesar por la indiferencia de la opinión pública y la falta de medios materiales puestos a su disposición. Por eso, con motivo de los internados en el cuartel de seguridad, el autor desea llamar la atención sobre la suerte de todos los enfermos mentales, por espantosos que parezcan.

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